Siempre salía con una buena excusa, pero aquella noche tiré todo por la borda. Me puse los pantalones cortos, muy cortos, y me pinté los labios. Sonreí mientras me miraba al espejo. "Vas como una puta" Habría dicho mi abuela, y como siempre, habría tenído razón. Hacía un par de horas que había pasado media noche, y yo aun no sabía bien donde me dirigía. Las calles eran oscuras y solitarias, dignas para un secuestro, o una violación. Intentaba pensar lo menos posible mientras veia pasar las farolas una a una. Escuche ruido, voces y música estridente, así que me meti en aquel garito. Olía mal, y no estaba ni muy lleno ni muy vacío. Un ginc tonic, otro, otro. Mis ojos se mezclaban con la humareda de tabaco y algún que otro porro que reinaba en el cambiente. Sabía que me estaba mirando desde la tercera copa, pero hasta la quinta no se acercó. Murmuró algo y me giré intrigada. Estaba mirádome con ojos pardos, sonriendo, en silencio. Su pelo estaba sucio y su sonrisa era muy bonita. No sabia extactamente que quería, pero tampoco sabia exactamente que hacía yo allí.
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