Se despertó una mañana que se tornaba cálida, azul, preciosa. Su pelo olía a primavera al igual que su espíritu, se sentía el corazón valiente en su pecho y los ojos le brillaban alegres. El sol llamaba a su puerta y ella le contestó con una sonrisa sincera. Supo que aquella señal había llegado, tímida y esperada, y con aquellos mismos baqueros rotos fue a buscarle.
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