miércoles, 7 de abril de 2010

Aquel camino que al principio se le antojaba espumoso iba cogiendo pesadez, le costaba caminar, y tuvo que saltar una valla. Los colores turquesa del día se tornaban grises y negros, entonces empezó a tener frío. El camino se hacía eterno, pero ella no se rendía.
Nunca se rendía, porque sabía que siempre había un rayo de sol para acortarlo. Esperaría.

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