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Hoy tambien te he buscado bajo la lluvia, mientras olía a charchos, paz y suciedad. Los coches salpicaban y de vez en cuando la luz de una farola tiritaba por el frío. No había revuelo y el agua caía tanto sutil como apasionadamente. No vi ratas, ni perros paseando a sus dueños. Cada paso me infundaba medio rayo de esperanza y medio de melancolía, mientras el suelo gris el cual confundía con el cielo después de cada borrachera, se quedaba atrás. No sentía mareos ni calor falso en el ambiente, ni observé aquella cigueña que juraba que me estaba mirando. Analizaba cada callejón sin salida, oscuro, mojado y acojedor, pero no te encontraba en ningún sitio. Al final opté por sentarme, sentarme a esperar mientras me calaba de los pies a la cabeza.
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