Van pasando los años, los momentos. Madurar significa perder la libertad, pero tambien significa darte cuenta de la vida. Que los cuentos de hadas no son reales y aquí existe tanto la vida como la muerte. El amor y el odio. La indiferencia. La obsesión.
Me doy cuenta que hace tiempo que mi vida dejó de ser un cuento de hadas para convertirse en una montaña rusa, con subidas al cielo y bajadas al barro. Por más que intento ser la arquitecta de mi propia montaña y solo poder subir hasta las nubes los tornillos me fallan, siempre acabo bajando.
Cuando vivía en mi cuento de hadas había una especie de magia divina que me ayudaba a aguantar esos tornillos. Uno por uno, me los iba sujetando. La magia se ha ido desvaneciendo, a veces viene, a veces se va, ahora no sé cuando caerá mi montaña. No sé si llevarme casco, por si acaso, o si subirme con los ojos cerrados y curarme luego los golpes.
De verdad que es envidia puta.
Letras en el orden correcto
Hace 14 años
