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Supongo que no tiene sentido ahora, porque era algo que sí estaba en el contrato. Y lo sabía.
De aquí al fin del mundo hazme caso.
Hoy tambien te he buscado bajo la lluvia, mientras olía a charchos, paz y suciedad. Los coches salpicaban y de vez en cuando la luz de una farola tiritaba por el frío. No había revuelo y el agua caía tanto sutil como apasionadamente. No vi ratas, ni perros paseando a sus dueños. Cada paso me infundaba medio rayo de esperanza y medio de melancolía, mientras el suelo gris el cual confundía con el cielo después de cada borrachera, se quedaba atrás. No sentía mareos ni calor falso en el ambiente, ni observé aquella cigueña que juraba que me estaba mirando. Analizaba cada callejón sin salida, oscuro, mojado y acojedor, pero no te encontraba en ningún sitio. Al final opté por sentarme, sentarme a esperar mientras me calaba de los pies a la cabeza.
¿Sabéis ese sexto sentido femenino? Donde que pasa algo y simplemente lo sabes, pero no sabes por qué. No tienes ningún hecho ni referencia, ni si quiera es algo que sabes que lo sabes de seguro. Es una idea que va cayendo cuando no tiene ni pies ni cabeza, y te sumerges, y no sabes por donde salir. El sexto sentido femenino solo aparece cuando ovulas, cuando aparece esa vena que odias, porque no para de complicarlo todo. En qué hora nací mujer.
No tiene otro nombre. Un pensamiento irracional que me cubre la mente y no sé si me duele más el hecho en sí o el hecho de que me moleste. Además de irracional es molesto porque no puedo controlarlo. No sé, a veces tan arriba y luego me aplasta. No me gusta.
¿Sabes ese brillo que tengo en los ojos? Eres tú. ¿El querer alargar las horas, los días, y cada minuto? Eres tú. ¿La sonrisa estúpida las 24 horas del día? Eres tú. ¿El ansia por verte queriendo que el camino se acorte cada vez más? Eres tú. ¿El calor del invierno? Eres tú. ¿El respirar hondo y sentirme el corazón? Eres tú. ¿El color rojo, el sentirme viva, el creer en la verdad, la felicidad, el quilibrio? Todo eres tú.