domingo, 24 de abril de 2011

El campo era precioso y las flores canturreaban aquella melodia que tanto me gusta. Los animales corrían y el agua fluía cristalina y con ganas. El sol te recibía con una sonrisa y podíamos tirarnos horas en aquel lugar, porque el tiempo se paraba y daba igual todo lo demás. Pero derrepente todo se volvía gris. Los animales huían y el agua brotaba marrón. Ya no había flores. Había vuelto a despertarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario