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Supón por un momento que de verdad estoy perdida. Que no sé que hacer. Que me quedo sin fuerzas. Suponlo solo por un momento. Que no veo más que decepciones, lágrimas, tristeza. Supón que mi vida es más gris de lo que aparento y supón que espero que me digas algo al respecto, porque sé que tu lo sabes. Imaginate que yo estoy aquí, que planeo, y que tu no apareces. Supón por un momento que de verdad, no se que hacer. No sé si prefiero el gris o el negro, si ponerme chaqueta. No sé si romperle los pantalones, o esperar a que me los rompas tú. Supón que cuando tu quieras rompérmelos, yo ya no quiera. Imaginate que el mundo deja de girar y me caigo al vacío ¿Qué harás? Supón que no te importa. Imagínate que de verdad me marcho. Supón por un segundo que me cambio los baqueros por una falda y me tiño el pelo de negro. De verdad, imáginate que cambio de rumbo, de nombre. Imagina que no me volverás a ver. Supón que se me rompen las gafas y las zapatillas. Que no hablo porque ya no sé que más decirte. Supón que me emborracho y no vuelvo. Imagina todo de lo que te arrepentirias por no hacerlo. Todo en un caso hipotético, claro.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarRompe los pantalones. Luego ya queda en tu decisión quién los rompa
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