No entiendo la mitad de la vida. No me gusta hablar sin que me escuchen, ni me gusta que me hablen por hablarme. Ni me gusta dar todo y no recibir nada, o intentarlo y que salga mal porque la otra parte no lo quiso intentar. No me gusta que no me pidan perdon cuando se sepa que hay algo que me hace daño. No me gusta sentirme tan infravalorada, ni me gusta sentir que no puedo aspirar a más.